
Hace un par de semanas una amiga me invito a un taller de cócteles, me apetecía muchísimo y por supuesto que fuimos. Aprendimos que los cócteles no deben contener más de 5 ingredientes, cuando han alcanzado su temperatura ideal mientras se agitan, cómo decorar la copa, cómo servirlo y cómo tomarlo. Me encanto el taller y tras tomarnos un par de estos deliciosos combinados preparados por nosotras mismas, decidimos que ya estaba bien de cócteles.
Habíamos quedado con una tercera amiga que llego tarde, no se si porque se desplaza por Madrid en bicicleta (por cierto en una bicicleta preciosa y creo que carísima, se pliega y se mete en un bolso grande), o porque no lleva reloj. El caso que caminábamos hacia una terraza, íbamos charlando y Claudia rodaba la bicicleta. En una callecita nos cruzamos con un niño de unos 5 años que miró la bicicleta con admiración. ¿Te gusta?- le pregunté. Si - me contesto, -¿pero quien va en bicicleta?-. Yo - dijo Claudia; a lo que el niño incrédulo respondió: ¿Con taconeees?. Claudia para demostrarle que era cierto subió a la bicicleta y pedaleo unos metros. Dejamos al niño con una sonrisa… en nuestra cara.
Pienso que las mujeres crecemos con tacones, amamos con tacones, lloramos con tacones, cuidamos de nuestros hijos y familia con tacones, trabajamos con tacones, descansamos con tacones, y envejecemos con tacones, (no se si es con o en). Quizá sean los tacones lo que nos hace seguir adelante a pesar de los baches. A mi me encantan los tacones.¡Viva los tacones!